Nuestro cuerpo y, en concreto, nuestras células, se encuentran constantemente produciendo la energía necesaria para mantener todos nuestros órganos en funcionamiento, desde caminar, hasta pensar, etc. Para obtener esa energía, utilizamos oxígeno y los nutrientes que contienen los alimentos (hidratos de carbono, grasas y proteínas) en un proceso llamado respiración celular. Pero si bien ese oxígeno es imprescindible para nosotros, su uso en la respiración celular da lugar a esos compuestos que ya hemos mencionado, los radicales libres. El problema con los radicales libres es que van por ahí atacando –oxidando– a todo lo que se encuentran, -básicamente, lípidos y proteínas que forman estructuras de nuestro cuerpo, así como ADN-, usando como «arma de ataque» ese electrón suelto (ver más información en las notas de nuestra sección Antienvejecimiento) y, por un proceso químico, en ese ataque transforman también a las otras moléculas en radicales libres. El problema es que al transformarse en radicales libres esas moléculas que se van encontrando por nuestro cuerpo (recordemos: lípidos, proteínas y ADN), alteran sus estructuras, sus funciones, y esto va a tener efectos en nuestro organismo. Por ejemplo, cuando los radicales libres atacan –oxidan– al «colesterol malo» (o colesterol LDL), éste se transforma en colesterol LDL oxidado, que se acumula más fácilmente en nuestras arterias y empieza un proceso que conduce a la formación de la placa de ateroma (lesión característica de la aterosclerosis o arteriosclerosis que consiste en el depósito de lípidos en la superficie interna de las arterias, en especial en la aorta). Por esta razón, un exceso de radicales libres se ha relacionado con la enfermedad cardiovascular, procesos neurodegenerativos como el Alzheimer, enfermedades inflamatorias, o ciertos tipos de cáncer. A veces, los radicales libres son una causa directa de estas enfermedades y, otras, la propia enfermedad aumenta la producción de radicales libres, que contribuyen a agravarla. En cualquier caso, en estas enfermedades siempre existe un exceso de radicales libres.

En resumen, los radicales libres que se forman en la respiración celular van a ir reaccionando con otras moléculas y van a ir aumentando ese ejército de radicales libres que circulan por nuestro cuerpo generándonos diversos problemas para la salud y el bienestar. A estos radicales libres formados por la respiración celular hay que agregar que además de esos radicales que se generan de manera inevitable, hay otros factores, como la exposición a ciertas radicaciones o el tabaco, que pueden generar nuevos radicales libres.

Ahora Bien. En el organismo existe un equilibrio entre las especies reactivas del oxígeno y los sistemas de defensa antioxidante. Cuando dicho equilibrio se ve alterado o descompensado a favor de aquellas, se produce el denominado estrés oxidativo, lo que significa que el estrés se puede desencadenar por radiación solar, respuestas inflamatorias e inmunológicas, alcoholismo, tabaquismo, déficit de vitaminas y otros factores.

Por fortuna en la Naturaleza todo es equilibrio (y el organismo humano es una maravillosa y perfecta creación de ella) de tal manera que para contrarrestar la acción de los radicales libres tenemos unas sustancias que nos pueden ayudar a combatirlos: los ANTIOXIDANTES.

Los antioxidantes son compuestos cuya función primordial en nuestro organismo es protegernos del daño oxidativo que causan los radicales libres, entre otras. Como lo hemos comentado, el daño oxidativo es el responsable de importantes enfermedades de carácter degenerativo del sistema circulatorio, enfermedades cardiovasculares, cataratas, envejecimiento precoz y cáncer, todas las cuales hoy son la principal causal de muerte en nuestra sociedad. Los radicales libres alteran el buen funcionamiento de las células de nuestro organismo, atacando a componentes estructurales claves de las mismas, tales como lípidos y proteínas de la membrana celular, enzimas e incluso al ADN, responsable del funcionamiento y renovación celular.

Para entender mejor la función fisiológica de los antioxidantes en el organismo es necesario recordar que el oxígeno actúa como carburante en el metabolismo de los carbohidratos, grasas y proteínas, liberándose dióxido de carbono, agua, energía calórica y diversos catabolitos; sin embargo el incremento de los procesos metabólicos se acompaña de la producción de radicales libres. Al conocer los efectos negativos que provocan los radicales libres, podemos entender mejor la función y efecto que tienen los antioxidantes en la salud, que como su nombre lo indica, es evitar la oxidación de sustancias que puedan provocar alteraciones fisiológicas, facilitar el uso fisiológico del oxígeno por parte de las mitocondrias ayudando a reducir los efectos del estrés oxidativo y la falta de oxígeno; formando complejos que mitigan las reacciones productoras de radicales libres y por consiguiente desempeñando una función fundamental en la prevención de las enfermedades derivadas del estrés oxidativo ( Zamora, S. Juan Diego. Antioxidantes: Micronutrientes en lucha por la salud. Rev. Chil. Nutr. 2007, vol.34, n.1, pp. 17-26).

Naturalmente nuestro organismo cuenta con un sistema de defensas antioxidante representado fundamentalmente por ciertas enzimas. No obstante y dado el nivel de radicales libres que forma nuestro cuerpo, resulta indispensable la ingesta de antioxidantes en nuestra dieta. En la Naturaleza solo los vegetales son capaces de sintetizas diversos antioxidantes, pero no todos los vegetales sintetizan antioxidantes del mismo tipo. Es aquí donde surge la necesidad de conocer las diferencias entre las fuentes vegetales de antioxidantes de nuestra dieta (frutas, verduras, granos, etc.), para de esta manera suplementar la dieta, de forma que podamos prevenir enfermedades de tipo degenerativo.

Como hemos dicho, por un lado, nuestro cuerpo tiene algunos sistemas antioxidantes que combaten los radicales libres, que denominaremos antioxidantes endógenos; así, tenemos por ejemplo, a la catalasa, superóxido dismutasa, glutation peroxidasa, glutation, melatonina, estrógenos, etc. Y, por otro lado, tenemos los antioxidantes exógenos: sustancias que aparecen de manera natural en los alimentos vegetales –no los añadió nadie– y que pueden combatir los radicales libres. Estos antioxidantes presentes en los alimentos incluyen algunas sustancias muy conocidas y "populares" como la vitamina C (ácido ascórbico) y la vitamina E (Tocoferol), y otras que si bien son conocidas son menos familiares para nosotros como polifenoles, carotenoides y terpenoides. Todos ellos atacarán los radicales libres de nuestro cuerpo: algunos se unirán directamente a ellos impidiéndoles de esta manera oxidar otras moléculas; otros ayudarán a los sistemas antioxidantes que hay en nuestro cuerpo; otros dejarán fuera de acción a algunas moléculas que ayudan a actuar a los radicales libres, etc. Así que, en definitiva, tendremos: los radicales libres y los antioxidantes y, en función de qué bando sea más numeroso, ganarán unos u otros, y tenderemos, más o menos, a desarrollar ciertas enfermedades. Aunque, por desgracia, ninguna de las enfermedades de las que hemos hablado tiene una sola causa, reducir los radicales libres en nuestro cuerpo (lo que se llama el «estrés oxidativo») nos puede ayudar a prevenirlas.

Como conclusión, digamos que, al prevenirse la oxidación celular logramos dos beneficios muy importantes: ralentizar (retardar) el envejecimiento del organismo y prevenir un buen número de enfermedades crónicas y degenerativas, con lo cual aseguramos una mejor calidad de vida. Y si bien el organismo tiene sus propios antioxidantes naturales, es claro también, que debido al estilo de vida actual, la contaminación atmosférica, el consumo de tabaco, el sol, el estrés y una mala alimentación, se hace necesario tomar antioxidantes de forma supletoria, teniendo mayor necesidad de estos aquellas personas que tienen unas condiciones de vida un tanto extremas, como las que viven situaciones de estrés importante y permanente.




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Según el Dr. Jerry Tennant, Jefe del Instituto Tennant de Medicina Integral en Dallas, Estados Unidos: “El Fitoplancton Marino es uno de los ingredientes más especiales en el planeta porque contiene, de una forma concentrada, casi todo lo que necesitamos para vivir y reconstruir nuestra salud”. Para el Dr. Hugo Rodier, MD, Profesor Adjunto en el Programa Familiar de la Medicina Social en la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah. “El Fitoplancton Marino es un alimento ideal para la humanidad. Es la leche materna de nuestra madre tierra en el océano. La investigación que hemos estado haciendo en la Facultad de Medicina de Utah, probando los beneficios a la salud del Fitoplancton Marino son muy emocionantes y prometedores”.

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Acido Alfa Lipoico
Potente acción antioxidante.


El Ácido Alfa Lipoico, también conocido como ácido tióctico o ácido lipoico, es un poderoso combatiente de radicales libres, es decir, tiene acción antioxidante; que además es bien conocido por su capacidad para rejuvenecer otros antioxidantes como las vitaminas C y E.
El Ácido Alfa Lipoico, es un antioxidante poderoso que se produce en el cuerpo en pequeñas cantidades y se encuentra en todas las células. También se conoce como un antioxidante metabólico porque en su ausencia, las células del cuerpo no serían capaz de convertir la glucosa en energía.
El Ácido Alfa Lipoico es un potente antioxidante, con una propiedad muy interesante, ya que actúa tanto en ambientes acuosos como lipídicos, a diferencia de la mayoría de antioxidantes que se restringen solamente a uno de los dos ámbitos. Debido a esa propiedad se le considera el antioxidante universal.
La acción antioxidante del Ácido Alfa Lipoico se da a tres niveles: mediante efecto antioxidante directo (al secuestrar directamente radicales libres), efecto antioxidante indirecto por su capacidad para reciclar (regenerar) otros antioxidantes que se han destruido al neutralizar radicales libres, como la vitamina E, la glutationa, la coenzima Q10 y la vitamina C; y mediante el incremento de la síntesis celular de glutationa al incrementar la expresión de la enzima limitante de su síntesis (Gammaglutamilcisteína ligasa) y al aumentar la captación celular de cisteína (un aminoácido necesario para su síntesis).

Dado su carácter de antioxidante universal se usa en gran cantidad de afecciones, tanto agudas como crónicas y degenerativas. Su eficacia ha sido ampliamente demostrada en: enfermedades oculares, incluyendo las cataratas, glaucoma y la degeneración macular relacionada con la edad.


N-Acetil cisteína
Poderoso aminoácido antioxidante.


La N-Acetil Cisteína (en inglés N-Acetyl Cysteine) es un antioxidante natural. La N-acetilcisteína es un precursor de la L-cisteína, así como un dador de grupos sulfhidrilo. La N-acetilcisteína se caracteriza por su eficacia antioxidante, interviene en la formación de glutatión (uno de los antioxidantes más importantes del cuerpo) y la reducción de las especies reactivas del oxígeno (radicales libres). Dado su efecto mucolítico comprobado desde hace décadas, se utiliza en el tratamiento de las afecciones bronquiales agudas y crónicas. Asimismo, ha sido evaluada para el tratamiento de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las enfermedades del intersticio pulmonar, la intoxicación por paracetamol (acetaminofén) y la enfermedad cardíaca isquémica, renal o hepática, entre otros (Gillissen, A. Neumologie 65(9):549-557, Sep. 2011). Se ha demostrado que las moléculas que incluyen tioles, como la N-acetilcisteína, inhiben la proliferación de los fibroblastos en el marco de la fibrosis pulmonar idiopática, por lo que se utiliza como parte del tratamiento de ésta enfermedad (Gillissen, 2011; Pulmonary Fibrosis Fundation, 2012).

En casos de artritis, en modelos in vitro y de experimentación, se ha comprobado que la N-acetilcisteína induce la inhibición de las citoquinas inflamatorias con recuperación del cartílago. (Gillissen, 2011).

La N-Acetil Cisteína, se recomienda igualmente para contrarrestar la intoxicación por analgésicos como el paracetamol o acetaminofén (acetaminofeno). A este respecto es importante tener en cuenta que grandes dosis de analgésicos como el acetaminofén y Tylenol (nombre de una marca comercial para el acetaminofén), tal como lo advierte recientemente la Alerta Médica (MedWatch) de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos "puede causar daño hepático, algunas veces tan grave que requiera un trasplante de hígado u ocasione la muerte". En éste sentido, el acetaminofén se asocia con el agotamiento de las reservas hepáticas de glutatión, con necrosis (muerte) de los hepatocitos (células principales que forman el hígado) que resulta potencialmente mortal (Gillissen, 2011; NIH Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos).

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Vitamina E.
Protección del tejido corporal contra el daño oxidativo causado por los radicales libres.

La Vitamina E es un antioxidante que protege el tejido corporal del daño causado por sustancias llamadas radicales libres. Estos radicales pueden dañar células, tejidos y órganos, y se cree que juegan un papel en ciertas afecciones relacionadas con el envejecimiento. El cuerpo también necesita vitamina E para ayudar a mantener el sistema inmunitario fuerte frente a virus y bacterias. La vitamina E también es importante en la formación de glóbulos rojos y ayuda al cuerpo a utilizar la vitamina K. También ayuda a dilatar los vasos sanguíneos y a impedir que la sangre se coagule dentro de ellos. Las células usan la vitamina E para interactuar entre sí y llevar a cabo muchas funciones importantes.
La Vitamina E, se encuentra en alimentos como: Aceites vegetales de maíz (como los aceites de germen de trigo, girasol, cártamo, maíz y soya); Frutos secos (nueces, almendras, el maní y las avellanas); Semillas (como las semillas de girasol); Hortalizas de hoja verde (como las espinacas y el brócoli); Frutas (mamey, kiwi, arándanos).

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Selenium
Protección vital para el sistema cardiovascular, la próstata, los ojos y otros órganos y sistemas del cuerpo.


El Selenio, un mineral esencial, es un antioxidante que nutre el corazón, la próstata y otros órganos y tejidos. El Selenio es un oligoelemento importante, y es esencial para la función del glutatión peroxidasa, una enzima antioxidante que neutraliza los radicales libres de peróxidos nocivos. Las enzimas musculares también utilizan selenio para mantener la masa y el tono normal.
Selenio es un oligoelemento esencial que como se ha mencionado funciona como parte de la enzima antioxidante glutatión peroxidasa. La mayor parte del selenio que se encuentra en el cuerpo viene de la dieta. El cangrejo, el hígado, el pescado, las aves y el germen de trigo son generalmente buenas fuentes de selenio. También, se encuentra más abundantemente en las nueces de Brasil, las vísceras, mariscos, ajo, col de Bruselas, brócoli.

Según Medline Plus (un Servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos; puede consultar por Selenio), “el selenio se usa para las enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos, incluyendo los derrames cerebrales y el "endurecimiento de las arterias" (arterioesclerosis). También se usa en la prevención de diferentes cánceres incluyendo el cáncer de la próstata, del estómago, del pulmón y de la piel. Algunas personas usan selenio para la tiroides hipoactiva, la osteoartritis, la artritis reumática (AR), la enfermedad ocular llamada degeneración macular, la fiebre de heno, la infertilidad, las cataratas, las canas, los resultados anormales de la prueba de Papanicolaou, el síndrome de fatiga crónica (SFC), los trastornos del estado de ánimo, el envenenamiento por arsénico y para prevenir el aborto espontáneo. El selenio se usa también para prevenir serias complicaciones y la muerte como resultado de enfermedades críticas tales como una lesión en la cabeza y quemaduras. También se usa en la prevención de la gripe aviar, el tratamiento del VIH/SIDA y para reducir los efectos secundarios de la quimioterapia para el cáncer”.
De acuerdo con la misma fuente, el selenio es: “Posiblemente eficaz para la tiroiditis autoinmune (Tiroiditis de Hashimoto). El tomar 200 mcg de selenio diarios junto con la hormona tiroidea podría disminuir la cantidad de anticuerpos en el cuerpo que contribuyen a esta enfermedad. El selenio podría también ayudar a mejorar el estado de ánimo y la sensación general de bienestar en las personas con tiroiditis”. E igualmente “posiblemente eficaz para “reducir el colesterol”.

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Ver también:
  • Antienvejecimiento.
  • Luteina, Zeaxanthina, Quercitina, Taurina, L-Glutatione, Bilberry.
  • Vitamina E.
  • Salud de la piel.










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